La actividad física es un derecho, no un castigo

Ahora que comienza el curso escolar. Son muchos los padres que apuntan a sus hijos a múltiples actividades deportivas. En la mayoría de los casos estas actividades son elegidas por los propios niños sin que los padres tengan que imponerlas. El bienestar físico y emocional que provoca realizar actividad física o pertenecer a un club deportivo hace que se convierta en el momento del día favorito del niño.

«Castigado sin entrenar»

Sin embargo, la felicidad que el deporte provoca en el niño es la responsable de que algunos padres utilicen el deporte como elemento de chantaje para conseguir mejor rendimiento académico o de comportamiento.

El placer que el niño siente durante la práctica deportiva tiene un sentido biológico. El cerebro está liberando neurotransmisores que generan felicidad. Es un mensaje claro para que el niño prolongue en el tiempo esa práctica motora que el sistema nervioso necesita para crecer. Por lo tanto, castigar a un niño sin entrenar es castigarle a no desarrollarse. Es evitar o ralentizar el desarrollo armónico y normal del niño.

La práctica deportiva va mucho mas allá de los beneficios sociales, emocionales o para la salud. El sistema nerviosos es el mimbre que va a sostener todos los aprendizajes que el niño realice a lo largo de su vida. Se esta fraguando gracias al movimiento la creación de un gran número de conexiones nerviosas, y privar al niño de esta acción puede repercutir en muchos otros aspectos de su vida que nada tienen que ver con el desarrollo físico.

Un sistema nervioso maduro permite la optimizar las funciones ejecutivas del cerebro, mejorar el comportamiento, o aumentar la concentración. El deporte y el movimiento que hay implícito en él permite la creación de conexiones neuronales y la maduración de diferentes regiones cerebrales. Por eso el deporte no puede ser una opción o algo de lo que se puede privar al niño.

El movimiento en si mismo mejorará el comportamiento del niño haciendo madurar su lóbulo frontal de forma más precoz. Además si la práctica deportiva se realiza bajo la tutela de profesionales que saben usar el deporte como herramienta para transmitir valores. Los padres estarán consiguiendo un desarrollo integral del niño.

Recomendaciones

Las consecuencias por una mal comportamiento son necesarias. El niño necesita saber que existen normas sociales que cuando no se cumplen tienen consecuencias que se deben asumir. Por eso los padres deben poner limites y marcar reglas durante el crecimiento de sus hijos, porque si no se las ponen ellos, se las acabará poniendo la vida. Sin embargo, existen muchas alternativas para no tener que limitar o eliminar algo tan importante para su desarrollo como el ejercicio:

Castigos saludables: Hoy en día las nuevas tecnologías hacen que los niños pasen más de cuatro horas diarias delante de diferentes dispositivos electrónicos. Aunque su uso es necesario en la sociedad actual, son también, una fuente de adicción que sobre estimula el sistema nervioso, deteriora la visión y aumenta el número de patologías propias del sedentarismo. Reducir el número de horas de uso de dispositivos electrónicos es una alternativa mucho mejor que la de eliminar el deporte. Igualmente se puede eliminar elementos como la comida basura, los dulces o las bebidas azucaradas en vez de limitar el movimiento.

Castigos constructivos: El entorno familiar no es más que una micro sociedad en la que el niño aprende a interactuar a pequeña escala. El castigo puede ayudar a construir una sociedad mejor siempre que la acción del mismo repercuta en el bienestar social. Limpiar la casa, cortar el césped, son solo algunos ejemplos de castigos constructivos que van permitir al niño aprender que sus acciones tienen consecuencias. Y a la vez, aprender valores para construir una estructura familiar más fuerte.

Castigos vinculares : Marcar limites es la mejor forma que tienen los padres de querer a sus hijos. Por lo tanto, el castigo es un fantástico momento para demostrar cariño. No consiste en castigar al niño sin entrenar y dejar que este toda la tarde solo en casa jugando al ordenador. Los padres son responsables subsidiarios de las acciones de sus hijos y deben ayudar y vigilar el cumplimiento de la sanción. Es decir, no consiste solo en mandar al niño cortar el césped mientras los padres disfrutan de sus actividades. Cortar el césped junto a tu hijo es un fantástico momento para mejorar la relación con el niño y que el vea que tu estás ahí no solo para ponerle limites sino también para ayudarle.

Como podemos observar el castigo no tiene porque ser algo negativo, es una fantástica herramienta para ayudar a crecer a los niños mejorando su salud, su civismo y sus vínculos familiares. Por eso debe ser una decisión bien meditada y sobre todo que no limite el desarrollo del niño.

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