El modelo deportivo determina que valoramos como sociedad

El deporte educa, se dice una y otra vez en federaciones deportivas, y organismos políticos y educativos. Es el argumento más solido para atraer a miles de niños al deporte base e introducir el deporte en las escuelas. El deporte educa aunque la federación Rusia haya sido descalifica por dopaje durante los próximos cuatro años. El deporte educa, repito tras ver una batalla campal entre padres en un partido de fútbol de niños de ocho años. El deporte educa, pienso al observar a la mayor potencia olímpica mundial al borde de una epidemia por obesidad en su población infantil. El deporte educa se comenta entre entrenadores en un polideportivo mientras cientos de niños sufren por ser rechazados, o no seleccionados por sus capacidades físicas y motoras.

El deporte se ha convertido en uno de los pilares de cualquier sociedad, es posiblemente el tema del que más se habla, o el evento más seguido. Genera emociones como ninguna otra actividad humana ha conseguido a lo largo de la historia. Paraliza países y llena, periódicos y telediarios. Mueve miles de millones, y crea auténticos ejércitos de aficionados. Por todo esto, es tan importante que la sociedad se pregunte ¿El deporte educa?

¿Es educativo el deporte?

La respuesta es simple, por si mismo no. Es el uso que el ser humano haga del mismo lo que convierte al deporte en educativo. En el libro de Tom Farrey «Comienza el juego: la carrera de los americanos por convertir a nuestros hijos en campeones», analiza perfectamente el panorama mundial del deporte juvenil. En su libro se pregunta como Estados Unidos el país número uno en todos los ranking deportivos, podía ser a la vez, el país más obeso del mundo, con unas tasas de abandono de la actividad deportiva en la adolescencia apabullantes. Desde luego, si el deporte es salud y educación algo está fallando en el modelo Americano. Sin embargo, el modelo de competición americano se ha exportado a la gran mayoría de países del mundo en busca de campeones. Es importante observar en lo alto del medallero a un país, aunque, las principales causas de muerte en adultos en ese país, sean todas enfermedades derivadas del sedentarismo y la falta de ejercicio.

El modelo de excelencia deportiva de especialización temprana,está consiguiendo medallas pero sin embargo, no está consiguiendo una sociedad mejor. El niño que no está predispuesto genéticamente para el alto rendimiento deportivo es poco a poco descartado. Esto provoca un abandono temprano de la práctica deportiva, y ocasiona, graves problemas sociales de salud y desarrollo. Al niño se le ha enseñado a ganar, a ser el mejor, y no importa si eso va en detrimento de su salud o su desarrollo.

Otro modelo es posible

En el mismo mismo libro, Farrey analiza a uno de los países más activos físicamente y con el ratio de medallas más alto en relación con su número de habitantes. Noruega decidió hace treinta años aprobar un decreto que garantizaba el derecho en la infancia a la práctica deportiva. Cualquier niño del país, sin importar su habilidad, condición física, familiar, o económica tiene derecho al desarrollo motor. Una filosofía educativa que busca que el niño se enamore del movimiento introduciendo el deporte de forma lúdica en la escuela, y dejando totalmente de lado la especialización deportiva hasta los quince años. El niño tiene que disfrutar del juego, y no, sentir la presión que la competición por ser el mejor genera.

El sistema busca la competencia motriz de todos los niños, esto puede o no dar campeones olímpicos, pero lo que si es seguro, que crea adultos competentes motrizmente que no abandonan la práctica deportiva. En el modelo deportivo Noruego se elimina la competición hasta los doce años, y tanto instituciones como familias colaboran, para que el objetivo de los eventos deportivos sea el desarrollo y no el rendimiento. Practican múltiples habilidades motoras evitando la especialización temprana encaminada al rendimiento. Una vez que el niño ha finalizado su desarrollo biológico y motor (sobre los quince años), si que realizan una selección de talentos. En ellos, se vuelca toda la tecnología y ciencia deportiva para conseguir competir al máximo nivel.

El atleta olímpico noruego ha sido educado en los valores de respeto y cooperación que las bases del olimpismo promueve, y el resto de la población Noruega, no abandona el deporte porque han adquirido una competencia motriz para continuar practicándolo toda la vida.

El deporte es simplemente una herramienta que como sociedad podemos utilizar para crear una filosofía que favorezca la salud y el desarrollo de todos, o que busque el rendimiento, las medallas y el éxito de unos pocos mientras el resto lo ve por televisión. ¿Y tu que modelo prefieres?

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