La importancia de la bipedestación en el desarrollo del lóbulo frontal

Anatómicamente es muy sencillo diferenciar en el cerebro dos grandes hemisferios, separados por una profunda estructura compuesta de millones de neuronas llamada cuerpo calloso, que permite la intercomunicación entre ambos partes. El cerebro es sin duda el órgano más complejo, y desconocido del cuerpo humano. Es decir, no se puede simplificar el funcionamiento cerebral en solo dos regiones, el hemisferio izquierdo responsable de la parte verbal, y el hemisferio derecho responsable del movimiento.

Cada hemisferio está recubierto de una capa llamada corteza cerebral, formada por millones de células nerviosas que dan al cerebro ese aspecto rugoso. La corteza cerebral se divide en cuatro lóbulos dependiendo de su funcionalidad. El niño nace con millones de neuronas, pero es su interacción con el entorno y sus necesidades, las que provocan la conductividad entre neuronas, y entre las diferentes parcelas cerebrales.


Por lo tanto, la corteza cerebral se divide en cuatro grandes áreas que se conectan entre sí. No es posible, determinar un tipo de inteligencia en función del desarrollo de un área de la corteza cerebral. Las llamadas inteligencias múltiples no están asignadas a una zona concreta del cerebro. Sino que, es la interacción de múltiples estructuras cerebrales la que determinará la capacidad de una destreza o habilidad concreta.

Lóbulo Frontal

Es el lóbulo más grande de los cuatro que forman la corteza cerebral. Se sitúa en la parte delantera del cerebro, y su tamaño tiene una relación directa con su importancia en los procesos cognitivos complejos. Es el director ejecutivo del cerebro, y acciones, tan importantes como el lenguaje, la memoria de trabajo, o la auto regulación de las emociones, dependen directamente del desarrollo y la maduración del lóbulo frontal.

Pero el tamaño y las funciones cognitivas no siempre han sido las mismas durante la evolución de la especie humana. Si analizamos los cráneos en diferentes periodos de la evolución del hombre, se observa una diferencia clara en su tamaño. Pero sobre todo, se aprecia un desarrollo del lóbulo frontal. Es la capacidad del hombre de caminar sobre dos pies la que lo lleva a la realización de un sin fin de nuevas capacidades técnicas. Estas permitieron al ser humano explorar y construir ambientes que generaron cambios significativos en las conexiones neuronales. La reorganización del cerebro aumentando el lóbulo frontal, trae consigo, el desarrollo de capacidades cognitivas superiores.

La misma capacidad de bipedestación que ha provocado la evolución del cerebro a lo largo del desarrollo de la especie humana. Se encarga ahora, de desarrollar y crear conexiones neuronales complejas durante el desarrollo del niño.

El lóbulo frontal finaliza su desarrollo biológico tarde, entre los 20 y los 30 años. El movimiento contribuye de forma directa en la maduración temprana de esta área del cerebro. Cuando no existe un desarrollo biológico maduro del lóbulo frontal, es difícil conseguir una correcta gestión emocional, y se tiende a dar respuestas primitivas generando situaciones de riesgo. Esta es la razón, por la que a los adolescentes les cuesta tanto regular sus emociones, y son, más tendentes que los adultos a las conductas de riesgo en donde no existe una reflexión previa.

Educación emocional

Saber gestionar emociones es imprescindible para conseguir vivir en sociedad. Padres y educadores solicitan a las administraciones educativas que se incluya la educación emocional como un contenido más dentro de los entornos educativos. Existe por supuesto un componente social y conductual que enseña al niño a gestionar sus emociones. Pero sin embargo, no podemos olvidar el componente biológico que hace madurar a la región cerebral encargada de la regulación emocional. Si queremos adolescentes sanos emocionalmente, el movimiento y la actividad física deben estar presente en todas las etapas de su desarrollo. Trabajar múltiples patrones de movimiento ayudará a la maduración temprana del lóbulo frontal. Este desarrollo biológico es la base sobre la que se sustentará la intervención social y educativa que permita una interacción social reflexiva y consciente en la adolescencia.

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