¿Por qué mi hijo camina de puntillas?

La experimentación es la mejor forma de aprender. Desde el mismo momento del nacimiento, el cuerpo y el movimiento permite al niño interactuar con su entorno. Agarrar, girar, caminar de forma diferente da al niño diferentes perspectivas de su entorno enriqueciendo su desarrollo nervioso. Es la experimentación la que dará al niño la retroalimentación necesaria para saber si agarrar la cuchara de una u de otra forma le facilita la acción de comer. Por supuesto el proceso educativo que el niño recibe del exterior le va a dar pistas sobre que patrón motor se adapta mejor a la tarea que quiere realizar. Aún así, la curiosidad inherente al ser humano hará que el niño pruebe múltiples patrones dentro de una misma acción motriz.

Los niños no solo disfrutan de la posibilidad de mantenerse erguidos sobre dos piernas, sino que además, intentaran hacerlo descalzos, apoyados sobre sus talones, de puntillas, sobre el arco plantar etc. Este curiosidad motora no es más que una forma de nutrir a su sistema nervioso para dar una respuesta ante cualquier situación de desequilibrio.

Por lo tanto y de forma general caminar de puntillas suele producirse por la costumbre del juego durante años anteriores. Sin embargo, una vez superado los dos años el niño continua andando o corriendo de puntillas sin ser capaz de realizar una marcha o carrera plantar puede indicar una falta de maduración o una alteración del sistema nervioso.

¿Cuando consultar con el pediatra?

Si el niño no presenta ningún otro síntoma como rigidez muscular, posiblemente es simplemente falta de maduración neuro motora. Crear espacios y utilizar actividades que permita el desarrollo psico motriz para conseguir normalizar la marcha. Es la falta de desarrollo de parte de la musculatura y de las conexiones nerviosas la que provoca que el niño cambien de un patrón a otro para evitar el cansancio.

También existen estudios que correlaciona la marcha de puntillas con trastornos neurológicos (autismo o TDAH). Además esta anomalía madurativa del desarrollo neuro motor suele llevar aparejada un retraso en la comprensión lectora y el retraso del lenguaje.

Por eso, si este patrón continua de forma habitual pasado los dos años te recomendamos que acudas a tu pediatra de referencia. Además, busca la colaboración de un especialista en el movimiento humano. La mejor forma de ayudar al desarrollo neurológico, anatómico y motor del niño es facilitarle entornos y actividades motoras. El movimiento va a permitir estimular su sistema nervioso, así como desarrollar su sistema locomotor.

El terapia psicomotriz hace que que el niño vaya poco a poco utilizando de forma habitual la marcha normal. Por lo tanto, descarta con tu pediatra patologías más severas y deja que el niño jugué y se mueva utilizando bloques de espuma que favorecen la prensión plantar completa, además de, evitar la hipersensibilidad que puede provocar otras superficies más frías como el suelo o la hierba.

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