Emocional

Las emociones en los niños van apareciendo de forma progresiva durante el desarrollo cognitivo. Este desarrollo permitirá al niño tomar conciencia de sus emociones y de las de los demás.

La empatía, la autoestima, o el miedo irán apareciendo en el niño de forma paulatina y en mayor o menor intensidad en función de los estímulos emocionales que el niño haya recibido.

Lóbulo frontal

Las emociones se desarrollan y gestionan en la corteza pre-frontal y el sistema límbico. Esto tiene una importancia capital en el desarrollo y comportamiento del niño. Aunque durante muchas décadas se creía que el cerebro alcanzaba su madurez plena a una corta edad. La neurociencia ha demostrado en los últimos años, que el cerebro es plástico y que continua cambiando durante toda la vida.

El área cerebral encargada de la gestión de las emociones es la parte del cerebro que más tarda en madurar. Es decir, tenemos a niños con un desarrollo biológico maduro pero que sin embargo aún continúan desarrollando su cerebro. El lóbulo frontal necesita madurar para que el niño consiga un control adecuado de sus reacciones y emociones.

Sin embargo, esto no quiere decir que no tengamos que educar. Los estímulos ambientales y sociales serán decisivos a la hora de fomentar o retraer determinadas emociones. Por ejemplo, si no dejamos que el niño asuma pequeños riesgos y constantemente se le dice que se va hacer daño. Posiblemente se creará un adulto con miedos y con dificultades para tomar la iniciativa.

Importancia de los entornos

Las relaciones que el niño establezca a nivel afectivo y emocional con el entorno y las personas que le rodean será un elemento que determinará su personalidad en el futuro.

La personalidad de una persona es lo bastante importante como para que padres y educadores se preocupen por desarrollar el área emocional del niño. Dar al niño confianza, seguridad en si mismo, atención o amor son los ingredientes que forjaran una personalidad sana en sus relaciones futuras.

Los valores de la familia van a ser un referente para futuros comportamientos del niño, siendo la imitación una de las formas principales por la que el niño aprende a comportarse en la interacción social. Buscar espacios con juguetes simbólicos como cocinitas, artículos de limpieza adaptados a su edad,etc. Hará que el niño se sienta parte del núcleo social en el que vive y al que observa todos los días.

Los gestos, las acciones y las palabras de los adultos serán analizadas y imitadas por los más pequeños. Así pues, un correcto comportamiento de los padres y familiares que rodean al niño ayudará a un desarrollo emocional sano.

Movimiento para controlar emociones

El desfase entre el desarrollo biológico y neuronal del niño es el responsable de los estados de irá, enfado o impulsividad en el niño. Los adultos deben conocer que esto es algo normal y que se producirán hasta que el niño aprenda a gestionar y controlar sus emociones. La paciencia y el movimiento serán las dos principales herramientas con la que cuenten los padres para gestionar las rabietas. Perseverar en la educación de su comportamiento dará sus frutos en el largo plazo y estimular a que el niño se mueva y realice actividad física favorecerá que su lóbulo frontal madure antes y sea capaz de controlar sus emociones a una edad más temprana.